por Guillermo Jorquera M. Director del ex Teatro TIUN-TENOR en el Día Nacional del Teatro, año 2017
He olvidado una palabra, por más esfuerzos y ejercicios mentales que
realizo no logro dar con ella, busco en mi mente, recorro todos sus muchos
lugares y no hay caso; no logro encontrarla. ¿La habré olvidado por desuso? No
lo sé, pero sí sé que tiene que ver con el arte dramático.
Y como no logro encontrarla sin ayuda, la busco fuera de mí; en las
compañías teatrales locales, pero sólo algunas de ellas, algo me ayudan, pero
no puedo lograr el todo.
Entonces leo la prensa local y nacional, busco y encuentro algunas
luces: En la capital se está representando una obra que se llama Viejos
de Mierda, una comedia dirigida por Rodrigo Bastidas, (¿Quién me
escondió los zapatos negros?), y con tres actores de la vieja guardia del
teatro nacional, (Vadell, Vidiella, Legrand). Dice la prensa que han tenido un
gran éxito; todas sus funciones han sido a “tablero vuelto”, es decir: todas
las entradas vendidas. Bien por ellos, pero debo seguir en mi búsqueda.
También en la prensa nacional encuentro que, en los primeros días de
abril, una página web, organizó la primera versión de los Premios CLAP, para
elegir a los mejores exponentes del teatro chileno en la capital: los mejores
actores, mejores actrices, las obras más vistas, los dramaturgos nacionales más
representados, etc.
Me llama la atención, que las 5 primeras obras nominadas, sean del género
de la comedia, (Actualmente, también llamado Teatro Comercial) y que en los
dramaturgos aparezcan en los primeros lugares autores de la vieja guardia;
Sieveking, De la Parra, Griffero. El ganador se llevará el premio “Clap
Radrigán”. Creo que estoy más cerca de mi objetivo.
Además leo declaraciones de Ramón Griffero, dramaturgo, que está en la
terna del próximo Director del Teatro Nacional Chileno, curiosamente declara:
“En Chile no existe un Teatro Nacional lo del Antonio Varas, es sólo un nombre
falso y redundante”… “ Para recuperar el prestigio que tuvo, no tiene mucho que
ver con la innovación, sino con volver al origen, a ese escenario le hacen
falta obras que conecten con su entorno, que hablen del presente de su país y
que el teatro vuelva a ser una necesidad real y no solo ascenso social”…
Ramón Griffero estrenó en el Antonio Varas, Rio Abajo, 1995,
y Brunch, almuerzo a mediodía, 1999. Y en Iquique le vimos Sebastopol,
una obra con una temática muy nuestra, en el Teatro Municipal, cuando éste no
era sólo una postal.
Antecedentes que me instalan en un túnel en el que alcanzo a ver la luz
al final del camino.
Hace unos días estuve en Tacna, y siempre con mi tarea presta, me entero
que el “UPT Teatro”, (Teatro de la Universidad Privada de Tacna), que dirige
Roberto Palza Albarracín, está terminando una temporada en el Teatro Odeón de
Tacna, de La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, y
está preparando su próximo montaje; La Señorita de Tacna, de Mario
Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura peruano, que estará presente el día
del estreno.
Y de regreso, ya en Iquique, me di cuenta que había encontrado la
palabra que se me había olvidado, y efectivamente lo había hecho por desuso,
por no verla muy a menudo, los actores de Viejos de Mierda,
(Vidiella, estuvo en el elenco original de La Remolienda de
Sieveking; Vadell, desprendido del Ictus -junto a Salcedo, crean la Cía “La
Feria”- montan Hojas de Parra, de don Nicanor; -se instalaron con
una carpa en La reina-, de triste final. Legrand, con sus cuentos, se ríe de lo
cotidiano logrando rescatar la dignidad del pueblo chileno), me acercaron más
al final del túnel.
El “UPT Teatro”, de Tacna me dio la última clave, y estaba allí en el
aire, al alcance diario de mis ojos, pero asociada a otros súper eventos, no
podía encontrarla porque está escoltada por otros dos preciados vocablos,
felizmente la he recuperado, por lo menos para mi memoria: El Teatro Clásico Chileno.
Casi en desuso.
Los creadores teatrales nuestros, en Iquique, están en la búsqueda de
una nueva manera de expresar sus emociones dramáticas, y casi sin dramaturgos,
sus trabajos son el producto de sus miradas del entorno en el que viven,
conectadas con la historia y contingencia social, que valoro y agradezco.
Importante es que sus creaciones no solamente terminen en puestas en escenas,
sino que hagan otro esfuerzo en su gestión, y logren registrar y ojalá publicar
estos textos, de tal manera que mañana, cuando los historiadores del teatro,
estudien el arte dramático de esta época, puedan tener la posibilidad de
enterarse de ello, a través de lo que está registrado. Es común que haya
periodos muy productivos en escena, pero no queda registro de aquello, y los investigadores
pasan de largo este tramo de la historia teatral regional.
De nuestros dramaturgos, que a la vez dirigen sus producciones, y que
según mi apreciación, ya constituyen Teatro Clásico Tarapaqueño, sólo recuerdo
a: Iris de Caro con Kuyaskay, (Obra
premiada con el 2° lugar en el III Concurso de dramaturgia “Eugenio Dittborn”
de la Universidad Católica de Chile), puesta en escena por la autora, el Grupo
Antifaz y el Tenor. Guillermo Ward,
con Las Pildoritas Mágicas de la Bisabuela, (Obra para niños y
adultos), y La Carpa Azul, que nos habla del Teatro Móvil del
Norte y del nacimiento del Teatro Social. Iván
Vera-Pinto con Coruña, la Ira de los vientos. Otra masacre
obrera, ignota para muchos. Todas ellas estrenadas, registradas y publicadas.
La esperanza es que la dramaturgia de este periodo de búsqueda, también
pueda incorporar en la historia del teatro nacional, merecidas piezas
identitarias tarapaqueñas, que sean consideradas como Teatro Clásico Chileno. Así
los 11 de mayo, “los viejos de mierda” de Iquique podremos pregonar: ¡Feliz Día del Teatro Chileno; Teatristas de
Tarapacá!