EL CUENTO DEL DÍA DE LA
SONRISA
Por: Guillermo Jorquera Morales
24/03/2014
Había una vez, un grupo de
jóvenes con síndrome de Down, que tenía un sueño, lograr que toda la gente del mundo fuera
feliz, sin embargo no encuentran la fórmula para hacerlo, hasta que se acuerdan
de su antigua Escuela Especial y de su profesor artista, llegan hasta allá y
hasta él, le cuentan su sueño, pero además descubren que su profesor, ahora es
dramaturgo, es actor, y es sicólogo, y éste, emocionado y conmocionado, acoge la
idea y les propone escribir una obra de
teatro para lograr los objetivos que ellos persiguen.
Es así como se inicia el camino
de estos jóvenes para lograr llegar a todo el mundo, partiendo por su ciudad
IKE IKE, y para mejor hacerlo le solicitan a su profesor invitar a actrices y
actores con trayectoria para armar la trama que los lleve como jugando a pintar sonrisas y repartir felicidad, creando
una nueva y única forma de vida.
El profesor, en su rol de
dramaturgo, crea una trama con características aristotélicas; presentación, nudo
y desenlace, y con su talento probado en hacer de un cuento una obra de teatro,
creó una historia de buenos y malos luchando por un conflicto, sin perder el
superobjetivo planteado por sus ex alumnos, convocó exactamente a quienes debía
convocar para vestirlos externa e internamente de los personajes que debían
acompañar a Mauricio 1, Yolanda,
Carolina, Makarena, Alejandro y Mauricio 2, en esta sorprendente puesta en
escena, para que estos jóvenes pudieron hacer reír para vivir feliz.
Guillermo Ward, el profesor,
Dramaturgo y Director, no se conformó con eso, le puso un marco de super
producción a este juego, imaginó personajes
del mundo de los sueños, y los ubicó. Junto a los jóvenes, en una sala
de clases; hadas, bailarinas, preceptoras, heroínas de cuentos, con vestuarios
llenos de color. Un dispositivo escénico minimalista, ubicaba perfectamente los
espacios y los objetivos de su cuento, tres pendones que respaldan la
escena con una media luna creciente
sonriendo, con un árbol coronado de uva (vida) y un reloj de plaza, todo
aquello cubierto por una iluminación que invita a evadirse de la butaca e
ingresar a un mundo mágico.
Y así, como un mago, Guillermo
sacó de su alto sombrero a un viejo y desorientado profesor de otros siglos (que
después se desdobla para sumarse al alumnado) , que de un mamotreto empieza a relatar una
historia, llena de imprecisiones que son corregidas por sus alumnos (Sebastián
Escobar), desempolva a una pizpireta maestra de escuela, Miss Rita, que dirige
su curso con maestría de actriz de vodevil, (Luisa Jorquera), de un “montón de
trapo” hace a una hermosa bailarina, “Felicia”, que transmite felicidad,
incluso con su lenguaje gestual (Viviana Ahumada), con un toque musical saca de
su sombrero un Ada madrina, “Orejareja”, etérea y sonrisosa protectora de los
jóvenes alumnos del colegio, (Charisse Kong), y de las profundidades tenebrosas
hace aparecer al rey del mal, “Sinrisón”, sin dientes (por eso no sonríe) que
disfruta con voracidad y deleite, de un programa de maldad y de infelicidad, con
el que pretende contaminar a todo su entorno, (Senén Chávez).
Estos personajes son las claves
del autor para lograr transmitir el sueño, junto a Mauricio 1, Yolanda,
Carolina, Makarena, Alejandro y Mauricio 2, se mueven, bailan y juegan casi
como levitando en el escenario, al son de un acertado y oportuno guión musical,
creado, en trabajo de producción, por el joven músico Salomón Marabolí, invitando
al espectador a sumarse a este mágico sueño.
Las fuerzas dramáticas de la obra
funcionan, los protagonistas son los jóvenes con síndrome de Down, ellos son
los encargados de transmitir los mensajes de la obra, la fuerza antagónica es
el rey del mal y su corte, (dos jóvenes camuflados de malos) y las fuerzas mediadoras son los personajes
mágicos salidos del sombrero del autor, “Felicia”, “Miss Rita”, y “Orejareja”.
Bien por la producción y
Dirección, que incluye no sólo al equipo técnico del “Viola Fénix”; Félix
Manzo, Carlos Carpio, Jorge Sáez, Elliot Morfi, sino también a los padres y
apoderados de los jóvenes soñadores, ellos, los padres y apoderados,
constituyeron un gran soporte para lograr este trabajo que nos deja la gran
incógnita del qué va a pasar mañana, ¿habrá un nuevo canal de expresión para
ellos?, ¿habrán nuevos recursos para apoyar sus sueños?, ¿habrán otros creadores que acojan sus
inquietudes? Ojalá que sí.
No puedo terminar este comentario
sin referirme a otro factor importante en este estreno; la emoción, cuando los
actores son capaces de traspasar su emoción al público es porque se ha logrado
la magia del teatro, ella estuvo presente de comienzo a fin; en los jóvenes
actores, en el equipo de trayectoria de actuación, en el Director, en el
público, en los padres y apoderados presentes y ejecutantes de labores
escénicas, ésta estalló en aplausos, en vivas y bravos al final de la obra, fue
un estreno bañado de emociones, contenidas y lagrimeadas, muy buena
experiencia, que, repito ojalá sea sólo el comienzo de un trabajo continuo.
Los jóvenes consiguieron su sueño;
llegamos al Salón Tarapacá, con gran expectativa, con algún grado de curiosidad
por conocer el trabajo escénico de esta inédita experiencia, y salimos
contentos, rostros sonrientes “de oreja a oreja”, estos jóvenes no solamente
lograron su objetivo, sino que impensadamente instauraron el 22 de Marzo del
2014 como el “Día de la Sonrisa”, en Iquique.
Fin del Cuento
