Todo esto cada vez más como si fueramos una ciudad o un país de esquizofrénicos, vivimos otra realidad, no la nuestra, una realidad totalmente ajena, distinta, que no corresponde en nada a la cálida, desértica, ciudad de la veraniega ciudad respaldada por cerros café lilaceos. Cuando en Iquique en diciembre caén los jotes asados, pasa una caravana de autos colmada de copos de nieves para entregar los regalos a los chicos del barrio, o hasta mediados de enero siguen decoradas algunas ventanas de Avenida Bilbao, Tadeo Haenke con escarcha y familias Noel vestidas de gruesas ropas rojas arreglando su trineo, como el venado que aún permanece en lo alto del local frente a Mc Donall. ¿Caerán ahora los renos asados?, ¿Nos habrá afectado tanto el calentamiento global que ni siquera nos hemos dado cuentas? Por lo que he visto, cada vez más nuestro verano navideño será más de invierno, las casas se super cargarán decorativamente de nieve europea, por que la cosa es llegar y comprar, para que pensar entonces si es o no es nuestra realidad. Se ve bonito.