miércoles, diciembre 26, 2007

¿Por olvido o mezquindad?



La historia la hace la vida misma pero la escribe quien tiene el poder. Se difunde, se enseña bajo el prisma de quién quiere ver lo que ve. Se olvida a quien se quiere olvidar y se reconoce a quien se quiere reconocer. Es el tiempo que con un suave viento levanta la tierra con que se cubre la historia apareciendo episodios y personajes que mejor valía no recordar. No recordar por moral, por sexismo, por idiologías impropias, por miles de razones. Así somos, así se escribe la historia, mi historia desde mi propio punto de vista. Entonces hay que armar el gran puzle de historias, buscar recuerdos, surcir, acomodar y encontrarse con la época, caminar por sus calles, por un lado y por el otro. Después de acantar, hay un sedimento con el que se puede convivir, por su valor intrinsico, más allá de lo material.
Sixto Armando Rojas Acosta ha sido la "semilla que germina", el gran presente en el centenario de la Santa María, -más que Brigg y Renard-, ya no sólo es el pintor bohemio quien pinta murales y cuadros en el Casino Español de Iquique, Teatro Municipal de Iquique, Pisagua y otros lugares del Norte, fue quién organizó el primer aniversario de la masacre, la difundió, hizo un afiche, estuvo allí, fue un elemento activo, fue un sobreviviente y en su discurso se preocupó que no pasara al olvido lo ocurrido hace un año atras. Fué un valiente. Quizás por eso se le quisó olvidar, por su humanismo, por su solidaridad.
Sixto materialmente está presente, ha estado presente siempre, sus obras son testimonio palpable de una historia, un personaje, un artista que dehambulaba entre trementina y vino, entre mujeres y despilfarro, entre vivir la vida y comprometerse con un ideal. S.A.R.A. es digno de un guión teatral.